Derribando Muros

Como catalogar un recital, mejor dicho espectáculo, que se hizo eterno desde aquella mitad del año 2011 cuando se pusieron a la venta las entradas para ver a Roger Waters en Argentina. Mirá si habría expectativas que, como sucede cuando viene grandes bandas, la página web que vendía las localidades colapsó a los pocos segundos que el reloj marcaba las 00hs. Sí, a la medianoche de un frío julio la gente se agolpaba frente a sus computadoras para conseguir ver al exlíder de Pink Floyd.

Tal como vive una madre sus nueve meses de gestación, cada seguidor hacía su espera lo más tranquilo posible, pero la ansiedad era evidente cuando el mes de febrero iba terminando y marzo arrancaba.

Algunos fanáticos sabían de lo que podían llegar a ver en el estadio de River Plate porque pudieron ver algún DVD del show, otros quizás tenían ciertas nociones y una minoría iba a la deriva. Cualquiera que sea el caso, el impacto visual que generaba ver semejante puesta en escena con un “Muro” que no pasaba inadvertido (12 mts. de alto y 100 mts. de ancho) provocaba en el espectador una especie de adrenalina y emoción al mismo tiempo.

Fiel a las costumbres británicas, el reloj marcaba las 21.15hs y las luces del estadio se apagaban para dar comienzo a “The Wall”.

Mientras una voz en off daba la bienvenida y la gente explotaba de alegría, los primeros acordes de “In The Flesh?” aparecían en escena acompañado de luz de bengalas y un Waters que parecía que sus 68 años no le pesaba. Sin embargo eso no era todo, banderas rojas con la insignia de los dos martillos y fuegos artificiales decoraban la canción, la cual tuvo su broche de oro con el choque simbólico de una avioneta sobre una parte de la “pared” generando una gran explosión. Parecía que era el final, pero recién habían pasado diez minutos del comienzo.

A continuación una gigante    marioneta que simulaba ser un maestro escolar aparecía en escena mientras sonaba “Another Brick in The Wall” y con ella un grupo de niños formaban el coro de dicho tema. A medida que las canciones iban sucediendo, los ladrillos formaban una gran pared que ocultaban a los músicos.

La primera parte emotiva del recital fue cuando se escuchó “Mother” y en la pantalla trasera del escenario se vio al Roger de 1980 cantando a dúo con el actual, mientras que Robbie Wyckoff tomaba el rol de David Gilmour.

El Muro se completó al finalizar “Goodbye Cruel World”  y con él se hacía presente el intervalo de un espectáculo que todavía tenía mucho para mostrar.

El juego de luces y sonidos tomaron un rol importante sobre la “pared”, debido a que mostraban no sólo imágenes de la película Pink Floyd The Wall, dirigida por Alan Parker, sino también frases según los temas lo requerían.

La segunda parte más vibrante ocurrió cuando al ritmo de “Outside the Wall” el Muro se derribó, lo que generó una ovación masiva del estadio y la avalancha de flashes de todos los sectores.

Atrás quedaron los seis conciertos de Soda Stereo en 2007 o las cinco presentaciones que dieron los Rolling Stone en 1995, ya que nada de eso les importa a las 400 mil personas que fueron testigos de una obra maestra a lo largo de los nueve recitales que brindó Roger Waters en Argentina.

Además, el martes 20 de marzo quedará en el recuerdo por ser la noche en el cual se cerró el telón de algo que será difícil de igualar…

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